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Las calles del Perchel te han visto tan sencilla, tan digna, tan
hermosa en el severo orden de nazarenos negros. Ya estás aquí,
Virgen de los Dolores. Bueno, siempre estás en la calle, eres una
sorpresa cuando bajo del puente y me fundo en tu llanto, en la
calle. Pero este pueblo, raro y viejo, ha creado un joyero de
barrocas volutas, de ángeles dorados y celestes brillantes. Que el
dinero no es todo, ahí está la capilla, un milagro de arte para el
Cristo del Perdón.
Antonio
M. Garrido Moraga - 1987 |

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