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Lejos, una enlutada y menuda Mujer enseña la profundidad de la
humildad como virtud moral grande entre otras virtudes. Con su
mirada acariciando un puente que desde principios de siglo recuerda
a propios y extraños el humanísimo proceder de los hijos de esta
tierra, la dulce Madre del Carpintero de los Percheles, hace momento
a momento realidad que la humildad y la caridad son los fundamentos
de ser y de sentirse cristiano.
Transmite ese principio de acción que Dios injerta en el alma y que
hace que veamos en nosotros lo que hay del Altísimo y lo que procede
de nuestra propia naturaleza.
En Ti, Flor de Santo Domingo, tu barrio adquiere plena conciencia de
lo que es, de aquello que debe a tu presencia y a lo que quedan
obligados en justicia y en verdad.
Eres la Virtud que salva y glorifica. Eres fortaleza, caridad,
PERDÓN junto a tu Hijo que clavado en una Cruz no cesa de exclamar:
Venid a Mi los que tenéis hambre, los que tenéis frío, los sin
hogar, los huérfanos, los desamparados...
Eres Virgen, la Puerta de tus necesitados, camino de santificación.
Eres, eso… DOLORES DEL PUENTE.
Alberto M. Jiménez
Herrera - 1991
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