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No me importaría
Señor, ser ladrón crucificado, con tal de que me llevaran a tu lado
por las calles percheleras.
Y oír de tus labios, CRISTO DEL PERDÓN, las palabras que dijiste a
Dimas: "Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso". Tuvo que ser
precisamente un ladrón, un condenado a muerte, como tú, el único
hombre que supo, porque tú mismo se lo dijiste, que entraría contigo
en el Reino.
Y a tus pies, la VIRGEN DE LOS DOLORES, la vecina del pasillo, la
que asomada a su capillita durante todo el año, es como si se
saliera de la Iglesia para corresponder amablemente al saludo de sus
devotos.
El Lunes Santo es Ella misma al pie de la Cruz ese puente tendido
entre Jesús crucificado y los hombres.
Perdón y Dolores. Hijo y Madre, pasean su amor acompañados por
enlutados nazarenos con altos cirios, que marcan sendas de fe
cofradiera camino de su estación de penitencia en la Santa Iglesia
Cate.
Salvador Villalobos Gámez
- 1992
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