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¿Cómo olvidar a la hora de cantarte, Dolorosa del Puente, la mañana
espléndida que prendí en tu pecho un broche junto a tu corazón de
oro traspasado? (Era diciembre y faltaron las campanas a la cita).
¿Cómo no recordar ahora la promesa de mi madre que cumplí junto a
ella agarrado a aquella corredera sin más gracia que estar delante
tuya?... Se me amontonan los recuerdos ante tu capilla a la que
siempre vuelvo como si fuera a una casa donde viví hace tiempo y
todavía quedara allí la última vecina, que conocí en la infancia,
resistiendo.
Y ahora, que ya es Lunes Santo y de regreso tu procesión entre
sombras vuelve a santo Domingo por callejones y derribos, Nuestra
Señora de los Dolores del Puente, Virgen blanca vestida de negro,
eres más que nunca el lirio entre cardos, la azucena entre escombros
de lo que fue un barrio cantado en su ruina:
Portales desolados,
azoteas sin sábanas tendidas,
jaulas, barandas, rejas desprendidas,
tabiques acostados
donde alzaba la vida sus cuarteles,
patios sin voz, guitarras sin cordaje,
oscuras golondrinas sin viaje
de regreso, macetas sin claveles.
Carlos Ismael Álvarez
García - 1997 |
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